Demoré el instante en un barco en una ciudad lejana
en ella vacilamos los instantes con miradas ausentes
demoré el momento cuando en la alcoba del lagarto
tu me amaste con dolor y muerte de las pacientes
Nada me demoró la soledad, ni el viento,
ni las hojas caídas de los otoños en ciento
demoré la mirada en tus ojos como viento
en las manos oscuras del ciento.
Demoré el instante del color de la soledad
y en mis miradas y en tu alma de maldad
eramos ciento, viento, solo huracán de banalidad
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